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Aquel 18 de julio era un día caluroso, como éste.
–Sí. Y Barcelona era una fiesta. Hervía. Por las calles había 60.000 deportistas de toda Europa y América. El 19 de julio, por la tarde, se tenía que inaugurar la Olimpiada Popular, la respuesta obrera a los Juegos de Hitler. Pau Casals ensayaba en el Palau. Y mi hermano Ferran, campeón de natación de Cataluña, subcampeón de Espanya, ¡el orgullo de la casa!, tenía que participar en dos modalidades.
—Entretanto, el alzamiento triunfaba en Melilla.
—África quedaba tan lejos… Aquella noche, mi hermano fue a entrenarse a las Picornell. Cuando volvió, nos dijo que la plaza de España estaba llena de guardias de asalto. Nos acostamos pensando que estaban allí por la Olimpiada, soñando con el pollo que mamá le haría a Ferran si conseguía una buena marca.
—No estaban allí para eso.
—No. A las seis de la madrugada nos despertó el ruido de disparos. Mamá era portera en el número 56 de la calle Balmes. El piso estaba debajo del terrado. Subimos. Los disparos procedían del cuartel de Pedralbes.
—Los terrados fueron miradores.
—Allí nos quedamos. Menos mi hermano, que se fue corriendo al club, a la Escuela Industrial. ¡Volvió tan decepcionado! Habían cancelado la Olimpiada. Creo que lo que más me pesó aquel día fue ver su frustración, ¡la de toda una juventud…!
—¿Pesó más que el miedo?
—Más. Mi hermano fue a la plaza Catalunya, a la Rambla. Había un gran movimiento de gente y de camiones. La radio decía que se había producido una sublevación militar y que la gente salía a sofocarla. Sobre todo la CNT, y después la FAI. El 20 de julio, un grupo de incontrolados con el pañuelo rojo y negro sacaron libros de la biblioteca del Seminario y los quemaron en Balmes.

Entrevista  a Maria Salvo, fundadora de Dones del 36 [Mujeres del 36]
El Periódico de Catalunya, 18 de julio de 2006

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